viernes, 11 de mayo de 2012


Historia de una madre


Por: Paula Tatiana Gómez


Por las escazas tejas de zinc y las estrechas hendijas de la pared maltrecha de esterilla comienzan a entrar los últimos rayos del atardecer, irradiándose en el viejo y encorvado cuadro del niño Jesús que cuelga de una oxidada puntilla. La imagen parece cobrar vida cuando Esperanza enciende  sus malgastados residuos de vela de cebo y da inicio a sus plegarias por una nueva noche que comienza y con ella las travesuras y los peligros  nocturnos que se ven reflejados en el barrio Pio Doce de la ciudad de Manizales.




Son las cinco y media de la mañana. Esperanza comienza a ver los primeros rayos de sol que se deslizan de nuevo por las estrechas hendijas de aquella pared de esterilla, los cuales parecen hacer una radiografía de ese cuadro del niño Jesús que aún cuelga. El sector se encuentra en silencio, excepto por varios gallos que cantan desde algunos sucios y maltratados tejados de las pequeñas casas que conforman este sector.
Esta madre comienza a despertar a sus muchachos, uno por uno se van levantando, se duchan y se organizan “hay que hacerlo con rapidez porque somos siete personas y como en todo hogar  pobre solo hay un baño” cuenta esta mujer con una sonrisa picara en el rostro. Ya lista comienza a prender su fogón, prepara un delicioso chocolate con pan migado, el cual “es un delicioso desayuno para comenzar el día”, comenta su pequeño José de unos escasos cinco años.
Una vez listos esperanza y sus cinco hijos salen  a enfrentar un nuevo día, ella los acompaña al colegio que queda a pocos metros de su humilde casa, los despide, les da la bendición y un beso en la frente a cada uno, ellos ingresan al plantel y ella los sigue observando desde la reja que divide al colegio con una larga y concurrida avenida.
Es justo en ese momento cuando esta bella mujer de piel blanca, ojos vivos, cabello negro, pómulos salientes, escasos 1, 50 metros de estatura y una fina y delgada silueta, recuerda que su madre hacia lo mismo con ella cuando era pequeña, sólo que les tocaba caminar más, puesto que la trocha de su finca hacia la escuela del pueblo era larga, pantanosa y empinada, pero aun así “tocaba ir a estudiar”, todo por un futuro que la madre de esta mujer le quería brindar, y tal vez sería lo único que le dejaría hacia un futuro incierto, en el cual todavía no se veía la luz.
“Mi madre murió de cáncer cuando yo tenía 15 años, ahí fue donde  yo entendí que esta era una de las primeras y de las muchas malas jugadas que Dios me iba a dar en la vida” dice Esperanza con lagrimas en su rostro.
Prosigue su camino buscando empezar una nueva jornada laboral, toma el transporte hacia el barrio Palermo donde realiza sus trabajos como aseadora, es aquí donde comienza su jornada laboral, su trabajo como empleada domestica de una rica y poderosa familia manizaleña; se cambia de ropa por su uniforme ya  previamente establecido por su “patrona”.
“Comienzo por lo mas esencial, limpiar los tres pisos de la casa, aunque no lo crean barrer y trapear tiene su ciencia” comenta ahora la empleada domestica, después procede a limpiar los baños, esto no se hubiese pasado si esta mujer  de poco menos de los 40 años hubiera desempeñado sus estudios de Comercio  Internacional que realizo en el SENA y además no se enamorará de profundamente a los 18 años del que ahora es su esposo, un recolector de café de unos 46 años aproximadamente, un hombre de genio templado llamado Robinson, a quien el historial de estudios de Esperanza poco le interesa, ella considera que se caso con un hombre “machista, a quien sólo le importa que su finca produzca café y en su hogar tener muchos hijos para que le sigan su herencia” comenta la protagonista de esta historia.




Son las 12 del día. Hay que tener el almuerzo listo para los “patrones”, esta casa se convierte en una afrodisiaca fiesta de olores, los cuales indican que entre guisos y especias la comida ya esta lista. Todos  se sientan a comer a la mesa, menos Esperanza, se dice que como empleada que se respete “debe comer en la cocina”, tradición que a ésta mujer no le molesta, en lo único que piensa es si su muchacho mayor si les haría un almuerzo bueno y saludable al resto de sus hermanos.
“Toco aprender a las malas a cocinar, cuando mi madre murió yo aun estaba muy joven y no sabía nada de esto, pero a mi papá y a mis hermanos poco les importaba esto, alguien tenía que hacerles de comer y ¡claro! Esa tenía que ser yo, la más joven de los siete hermanos hombres” comenta esta mujer, ama de casa, empleada domestica y sobre todo madre.
Cuatro de la tarde. Esta madre se dispone a cambiarse de uniforme, ahora se convierte en esposa, amiga y  confidente, en un gancho de madera deja su rol de empleada doméstica de aquella familia rica de la ciudad.
De nuevo la mujer, madre, amiga espera el bus que la conducirá al paraíso de estera y guadua  en donde sus cinco hijos, su esposo y su perro Tony  la esperan, “ella es el alma de nuestro hogar, sin ella nosotros estaríamos condenados  a ser igual que la juventud de este barrio, un montón de drogadictos, vagos y degenerados” explica Marilín la hija mayor de Esperanza, quien tiene los mismos sueños de su madre cuando era joven, pero dice que “de ninguna manera” los piensa  dejar atrás, seguirá con el  sueño de tener una vida mejor y poder proporcionársela a sus hermanos.
Este no es sólo el sueño de esta joven también es el de una madre, quien ha luchado toda su vida por sacar a cinco hijos adelante con la poca ayuda que le presta su esposo y con todo el empeño y las ganas que tiene porque sus “muchachos” como ella los llama tengan un futuro mejor que el suyo. Esperanza se arrodilla de nuevo ante el encorvado cuadro del niño Jesús que aun cuelga de la oxidada puntilla  y pide a Dios que en sus niños no se repita la misma historia.



martes, 17 de abril de 2012


El Difícil Arte de Olvidar

Por: Paula Tatiana Gómez

Son las cuatro de la mañana y la música sigue sonando, las canciones comienzan a ser repetitivas, el ambiente de furor ha descendido, ya no existen los mismos ánimos que al inicio, las personas comienzan a abandonar la discoteca; Alexander Medina es uno de ellos, él y sus amigos salen a buscar un taxi que los lleve a sus hogares, ansían una cama caliente y una buena almohada que les permita descansar su narcosis; el frio se ha hecho más intenso y la calle más silenciosa; el alcohol, la música y la nicotina  se han extenuado de la misma manera como ha terminando la vida de Alex.

Antonia Venegas se encentra en su cama profundamente dormida, de repente recibe una llamada inesperada; asustada contesta el teléfono, es su mejor amigo, quien con voz desesperada le ruega que valla a un edificio cerca a la avenida Santander, ella sin pensarlo se viste con ropa deportiva y pide un taxi, rápidamente llega a la dirección indicada y justo ve a su amigo sentado en la portería de dicho edificio, Juan amigo de la protagonista de esta historia le dice que lo acompañe a uno de los apartamentos, este joven insiste en que “necesita mostrarle algo”, Antonia dudosa y a la vez curiosa decide subir con temor; cuando abren la puerta de esta vivienda se encuentra con una sala llena de botellas, personas tiradas en muebles, pedazos de cigarrillos por todo el lugar y un intenso olor a fiesta desenfrenada, lo cual  hacia de este sitio un misterio que esta mujer aún no había descifrado.

Una habitación oscura y al fondo una cama, la misma que sostenía dos cuerpos que en el frio de la noche seguramente se abrazaban, se besaban, se acariciaban y hacían que Antonia con lagrimas en sus ojos, un nudo en el estómago y fuertes palpitaciones en su corazón  tuviese que decir adiós al que para ella sería el amor de su vida.
  
Dos historias llenas de recuerdos felices y finales de película de horror, dos narraciones con hechos tan diferentes, en contextos disímiles y tristezas vividas de desigual forma, sólo un sentimiento los une, El Olvido.

El Olvido ha sido definido de diferentes maneras, asertos vienen y van, miles de significados en internet, ¿en qué se basa su diferencia?, es simple, se fundamenta en la historia que se haya vivido posteriormente, la misma que conllevó a tener que recurrir a esta herramienta del “difícil arte de olvidar”.

Existen quienes indican que la acción de olvidar una persona, una situación o un hecho es simplemente ¡voluntad!, la ciencia, más exacta en sus definiciones ha revelado el por qué es tan difícil “Olvidar”. El artículo de la periodista Gisele Sousa  Días publicado en El Diario el Clarín de Argentina explica el por qué es imborrable los recuerdos no deseados;  un conflicto cerebral,” Estudios de neurobiología demuestran que una relación amorosa intensa crea en el cerebro impresiones residuales que se reactivan fácilmente. Cuanta más información se grabó, más vívidos son los recuerdos”. Explica el neurobiólogo Antoine Bechara.

“Desde el punto de vista neurológico, quedarse solo durante un tiempo no ayuda a superar el fin de una relación”, dice Antoine Bechara, un neurobiólogo reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre las funciones cerebrales que intervienen en la toma de decisiones. Se refiere a que estar solo después de una separación o tapar todo con una nueva pareja no evita que el cerebro siga enviando recuerdos

¿Por qué entonces, aun después de un largo tiempo, vuelven esas imágenes y esas sensaciones que secuestran al cuerpo? “Es la amígdala que sigue respondiendo con descargas emocionales involuntarias, como el dolor en el estómago o las palpitaciones”, dice Brusco. Y no pasa lo mismo cuando se trata de un romance pasajero que con un verdadero amor: “Cuanto mayor sea la información que se grabó hacia ese afecto, en cantidad o calidad, más grabado va a estar en la amígdala y más reacciones va a seguir enviando. Estos recuerdos pueden aparecer como imágenes pero también como olores, sensaciones auditivas y como procesos de pensamiento”, agrega. Quienes aún están transitando el año que suele demorar un duelo amoroso saben lo que duelen esos olores. 

Alex se acuesta a dormir el poco tiempo que le queda, la alarma marca las siete de la mañana, sólo ha dormido dos horas, un baño de agua fría revitaliza su mente de una larga noche de desvelo; rápidamente toma un café y sale inmediatamente con escasos minutos para llegar a su lugar de trabajo; aborda una buseta; se pone los audífonos, programa una lista de reproducción en su celular, pero de repente… un fuerte dolor en su pecho reduce su respiración, esta vez no son palpitaciones por ver a la mujer de su vida, o sobresaltos de locuras de amor, este día ha sido algo más fuerte que reduce las posibilidades de seguir respirando; desesperado intenta contestar su celular, el mismo que lleva varios minutos sonando; las personas que se encuentran sentadas en este medio de transporte avisan al conductor que el joven está muriendo, de inmediato la buseta cambia su rumbo y se dirige hacia el Hospital de Caldas, pero ya era demasiado tarde, un infarto fulminante había acabado con su vida; una de las mujeres que prestaba los primeros auxilios a este hombre toma el celular que continua sonando, la pantalla del teléfono refleja la palabra “amor”, ella contesta y una vos dulce articula “Alexander, por favor”, “lo siento, el acaba de morir”.

¿Quién le explicará a esa voz que está al otro lado de la línea que debe olvidar a su amor? ¿Cómo hará Antonia para tratar de no recordar esos momentos de cobardía en los que “su gran amor de la vida” besaba y acariciaba apasionadamente a otra persona que no era ella? aunque se sabe que el proceso que les espera por vivir es duro y largo, tarde o temprano terminarán confrontando sus miedos, sus fantasmas y sus luchas internas, las mismas que les dirán que es momento de avanzar, de dejar atrás un pasado triste y tormentoso.
Angélica Herrera ex novia de Alexander comenta “este fue uno de los momentos más difíciles en mi vida, aún recuerdo esa noche de rumba, lo recuerdo feliz, bailando conmigo, siempre con una sonrisa única y una energía que era contagiosa; lo recuerdo todos los días de mi vida, su olor, sus chistes su manera de expresarse, sus besos, pudo haber pasado tres años después de su muerte, pero en mi no ha pasado este tiempo, aún lo recuerdo esa noche bailando a mi lado, creo que olvidarlo será imposible”.
Por su parte Antonia reitera “esta fue una situación realmente difícil de afrontar, de superar,  de olvidar y sobre todo de perdonar”.
El practicante de Psicología Pablo Andrés Gálvez, explica que el hecho de olvidar se convierte en una situación complicada si primero no se ha perdonado, no sólo disculpar al otro, más importante que eso, es perdonarse a uno mismo, dado que lo que no se olvida continua en la mente porque no se ha superado, “para lograr prevalecer ante esto hay que aceptar que es  lo profundamente importante para nosotros, que nos duele, y finalmente, que si nos sigue doliendo es porque así lo estamos permitiendo”.